En la más profunda espesura de la humanidad se esconde una criatura con aspecto de hombre o mujer. Esta figura se alimenta en la oscuridad, con un apetito voraz... quizás la hayas visto, como lo hemos hecho todos. Vive retirado-a del espectro social, pero aparece una vez cada x número de años, como si fuera un ciclo. Aparece, especialmente, cuando nos ponemos a dieta y cuando hemos logrado cumplir un objetivo, se pone sus mejores galas, se abre paso entre la multitud que te aclama y te ataca con su arma más letal: toma, un poco de chocolate para celebrarlo, que por un poco no pasa nada.
Letal. Mortal.
Siempre existe este grupo de personas a nuestro alrededor, que buscan recompensar al ladrón con botines robados en vez de hacerle devolver lo que robó en primer lugar. ¿Cuántas veces no han intentado perder peso y se han visto emboscados por la típica comida familiar, el cumpleaños de algún-a amigo-a o algún compromiso social en el que esta criatura te anima a caer en la tentación como si no fuera o pasara nada? El problema es sencillo: estas personas desconocen el significado de la palabra sacrificio. Por otro lado, estas criaturas piensan que el comer sano forma parte de un espectáculo circense donde los números se suceden intercalando episodios de comida basura con períodos de letargo bajos en calorías, es decir, algunos piensan que estamos dispuestos a vivir en una montaña rusa porque por un poco no pasa nada.
¿Le dirías a un alcohólico que por una copa de vino no va a recaer en su enfermedad?
¿Le ofrecerías un elaborado porro de marihuana fresca a un toxicómano en desintoxicación?
¿Me pondrías delante un muffin de queso con arándanos? Tú no, pero ellos sí. Y no sólo a mí, sino a todos.
No podemos cometer un genocidio contra estos corazones helados, pues normalmente forman parte de nuestro entorno. Sería adictivo marcarnos un Patronus y repelerlos como a los Dementores en el universo Rowling cada vez que quisiéramos (o un Crassus Patronus para repeler la grasa corporal), pero sólo nos queda ser pacientes. De todas formas, hemos de recordar que ser paciente e indulgente no tiene nada que ver con ser permisivo; con un "no gracias" escapamos, es más que suficiente. ¿Y si insisten? No aguanto dos pedidas, pensarán. Repite conmigo: tengo que aprender a decir que no.
Nadie dijo que todo esto fuera fácil, pero si lo fuera, entonces la victoria no sabría tan bien.
Buen fin de semana.
H.
"Tu madre e[ra] tan gorda que su Patronus era una tarta"

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