Mañana día catorce de marzo se cumplen cuatro semanas desde que decidí aquél Día de San Valentín que reeducaría a mi cuerpo y a mi alimentación. ¿Han pasado rápido? Sí, y no ha sido un camino de flores precisamente. Esto ha sido, ¿cómo decirlo? Como un paseo en una montaña rusa. Hubo días que estuve en lo alto y contemplaba todo lo magnífico y hubo días -no tan lejanos- en los que llegué a ras de suelo y vi los engranajes del coche en el que voy. He decidido abordarlo como si fuera un show, un reality en el que cada semana se nomina a una serie de kilos por diversas razones y la voz de mi cerebro, en este caso el Big Brother hace de Mercedes Milá como mediador entre los que aún se quedan en casa y los que llegan a plató. Semántica aparte, me siento bien.
Ahora me dispongo a realizar mi segundo entrenamiento del día. Logré sobreponerme del malestar anímico y físico de esta madrugada y al mediodía saqué adelante mi primer workout del día. Una cena rica en proteínas -pavo asado-, algún batido caerá antes de irme a dormir y me fumaré una shisha para celebrar hasta donde he llegado. Para algunos no será nada... Probablemente sea el hazmerreír de la fauna del gimnasio, pero a pesar de que se cuestione mi conocimiento, a este cuerpo lo conozco bien y sé lo que le funciona y lo que NO.
Mañana, entre las 6:00 y las 7:00 pretendo pesarme y sea cual sea el resultado, lo tendrán en forma de fotografía de la báscula. El misterio alrededor de una cifra que es evidentemente descendente (aunque sin saber exactamente cuán baja es) se desvela mañana, cuando serán entonces 30 días + 1 de búsqueda del bienestar.
Que sigan bien y gracias por los mensajes de ánimo.
H.

Gracias por compartir esto! Seguro que tendremos buenas noticias!
Nada que agradecer. Es algo que hago desde la más profunda sinceridad como ves.Gracias a ti, seas quien seas por el ánimo. Un saludo.