Noviembre 2005 - verano de 2007: Bad Romance
Me desvistió.
Me miró a los ojos y posó sus manos sobre mis hombros. Siguió la silueta de mis curvas, recordándome lo que se sentía ser tocado por otro ser humano. Sus ojos azules -o verdes, no recuerdo con tanto detalle- me miraron fijamente en ese momento casi homoerótico, abrió la boca y acto seguido dijo: "Si no bajas de peso ya, eres candidato para una posible diabetes dado tu historial familiar" y así fue como mi antiguo, primer y único endocrino me espetó por la cara que tenía sobrepeso, es decir, estaba obeso.
Junto a mí, en su despacho refinado con muy buen gusto -el que decoraba cobrando a sus pacientes 100€ por consulta y no había pocos en la sala de espera- se encontraban mi tía y mi tío quienes se encargaron de dar al doctor L.M.H. todos los detalles sobre mi alimentación, pues no se fiaban de que yo fuese completamente honesto con quien se convertiría en el hombre de mi vida durante el siguiente año. Daba gusto tenerles siempre alrededor.
Me sentí afortunado, casi especial. Diseñó un plan "único" para mí (con el tiempo descubrí que utilizaba la misma táctica con todos, por lo que dejé de sentirme especial) en el que la ingesta de carbohidratos no superaba los 20 gramos diarios, lo que suponía una reducción del 98%, a ser sustituidos por proteínas. Su voz melodiosa me decía: "come proteínas y haz ejercicio. Te veo en tres semanas". Lo había conseguido: habría una segunda cita.
Días fueron y vinieron, en casa se dudaba de mi fuerza de voluntad pero me mantuve. Los primeros días fueron buenos y pasaron dos semanas. Mis reservas se agotaban y mi cuerpo demandaba azúcar. Creo haberme comido casi medio kilo de manzanas rojas, mis preferidas. Y con toda la ilusión del mundo, me duché, me vestí y fui a verle. Tenía mariposas en el estómago. "No creo que hayas bajado más de cuatro o cinco kilos", me decían en casa. Y finalmente una mujer vestida de blanco me abrió la puerta: su mujer. Me dio instrucciones y subí a la báscula... *redoble de tambores* Había perdido 19,5 Kg en tres semanas y como no lo creía tuve que pesarme tres veces.
Y así este quasi affair me llevó por un camino de descenso vertiginoso en el que no había vuelta atrás, o eso creía yo. Tras diez largos meses en los que incluso mi cerebro me decía que las barritas de cereales de manzana HERO sabían a chocolate blanco, dejé en el camino sesenta y cinco kilos. Sí, así, sin anestesia.
Muchos pensarán que me encontraba estupendamente, pero no era así. Vivía en lo que se conoce como 'tierra de nadie', pues para quienes gustaban de gordos yo estaba demasiado delgado, y para quienes gustaban de delgados yo estaba demasiado gordo. Nadar y nadar para morir en la orilla. Sí, el beneficio era para mí pero la gente no dejaba de macharme por algún lado. "Nunca he estado con un chico como tú" me dijeron una vez habiendo alcanzado mi punto más bajo de peso (90Kg) y eso fue devastador. Me repito: nadar para morir en la orilla. L.M.H. ¿Qué me habías hecho? Él, ponerme un régimen estricto y empastillarme con Prozac. Yo, dejarme.
Tardé unos siete meses en recuperar todo lo que había perdido. Mi cuerpo tuvo un efecto rebote y con ello volvió el mal humor, el desagrado, el asco y un sentimiento de culpa brutal. Habíamos fallado y estaba decepcionado de mí mismo. Me había convertido por segunda vez en aquello de lo que huía y todo fue por no plantar cara al problema y cuestionar su metodología. Siempre hay una solución antes de saltar a lo más drástico. Y desde ese momento di por terminada mi relación con él. Nuestro Bildungsroman (novela de aprendizaje) se acabó. Él siguió -y sigue cobrando- por sus consultas y yo caminaba por la ciudad ocultando mi cuerpo bajo telas de gran tamaño adecuadas a un disimulo de la figura -yendo en contra de las tendencias de camisillas ceñidas en el torso superior, escote o pantalones pitillo.
El amor mata, y el amor propio también.
Fue entonces cuando decidí mandarlo todo al traste...
No se pierdan la próxima y última entrega de ¿Cómo se hace un obeso? en la que trazaré los años más recientes de mi obesidad mórbida.
Quieran y quiéranse, pero sobretodo, no dejen que nadie decida por ustedes. Si creen en Dios o en algo superior, piensen que nos dotó de inteligencia para cuestionarlo todo y aunque existan especialistas, nuestra duda y determinación siempre serán las mejores armas.
Buen inicio de semana.
H.
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Wow! Una vez más.. no sabía.. ha sido largo el camino no? Pero este viaje es algo nuevo nene... own it! I know you can do it!
Disculpa, ¿qué es macharme?. Saludos.