Domingo, el día del Señor. Día, por lo general, de descanso. Según la cultura o la doctrina religiosa este día termina una semana, empieza otra, se duerme de más -aprovechando esas horas extra que nos otorga el fin de semana- y claro, se come más. Yo no he comido más, no me lo puedo permitir, pero tuve una gran pelea. Después de acabar de pelear, sudando la gota gorda, mi voluntad pudo contra La Pereza. Según los cristianos me habría ganado un pedazo de cielo al haber doblegado a uno de los siete pecados capitales.
Fui invitado a comer y mis anfitriones se comportaron impecablemente. Cocinaron una pata de cordero y ensalada, pues sabían en la aventura en la que me encuentro y no querían obligarme a salirme del camino. Al llegar a casa, sabía que tenía que cumplir con mi rutina diaria de ejercicios pero la Pereza se hizo presa de mí por unos segundos. ¿Y si lo dejo para mañana? Se me cruzó por la cabeza saltarme el workout e irme con mi hermana a ver los Oscars, pero claro, si lo dejo para mañana, llegará el momento en el que diga: "bueno, como estamos de vacaciones de carnaval no pasará nada si lo dejo hasta el Miércoles de Ceniza", y empezará la procrastinación hasta que se perdería lo conseguido hasta ahora.
Me cambié de ropa, me vi en el espejo y empecé con el calentamiento. Aún la Pereza estaba en mi cabeza intentando hacerme su presa, pero la ignoré y continué. Habiendo completado con éxito mi rutina de ejercicios, algún que otro dolor muscular y una camiseta sudada -preciosa imagen- afirmo que hoy, domingo, la constancia se impuso a las doctrinas y la fuerza de voluntad se mantuvo firme e hirta como uma barra de ferro (Pantomineiro Alexandrino).
Buen inicio de semana para todos.
Buenas noches.

Como te comprendo! Por cierto demasiado cool que tus amistades te ayuden en este proceso! Cada día es una lucha nenote y cada batalla cuenta! Besos