Así empieza el par de mensajes que he recibido estos días: [como yo también quiero bajar de peso] "Me pregunto si podrías pasarme por privado la dieta que estás haciendo y los ejercicios... a ver si me aplico el cuento yo también". ¿Esto es en serio?
Ni todos los cuerpos son iguales, ni todos necesitan lo mismo. La gente es a las dietas como un enfermo es a la automedicación. Tu cuerpo es diferente al mío y los nutrientes que yo ingiera serán diferentes pues tengo un objetivo diferente al tuyo. ¡Qué coincidencia! ¡Yo también quiero bajar de peso! Enhorabuena [disculpen el sarcasmo], pero esta 'dieta' como tú la llamas es lo que yo he denominado un programa de reeducación alimentaria. Como dije en un post anterior, conozco a mi cuerpo y sé lo que le funciona y lo que no, y aún me queda mucho por ver. Por ahora, he quitado lo que a mí no me funcionaba y he seguido hacia adelante. Recuerden lo que escribí en la entrada de hace unos días: aprende a pescar, que no te den el pescado hecho.
Si no eres capaz de organizarte por medio de Internet -una vasta a la vez que perjudicial fuente de información-, sentido común y fuerza de voluntad, encomiéndate a un especialista y él sabrá qué es lo mejor para ti. Está bien ser una especie de hito en el que algunos se fijan y sienten el impulso por cambiar -no que yo sea una figura de inspiración, por favor- pero pedirme detalles pormenorizados de rutinas de ejercicio y mis menús cruza la línea más allá del pasotismo y el caradurismo.
Cree en ti y no en mí.
Cree en tu fuerza de voluntad y no en la mía.
Cree en tu felicidad, en tu grandeza y en tu bienestar personal.
Buen inicio de semana para todos y ¡gracias por su apoyo!
H.
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