1986-1996: Dos dietas, un niño
Algunas cosas nacen y otras se hacen. La obesidad puede ser desencadenada -viene a cuento escuchar "Unchained Melody" mientras escribo esta entrada- por un factor hormonal y por no cerrar la boca, que a su vez es consecuencia de otra línea de factores. No crean que llegué a la cúspide de mi 'hermosura' gratuitamente porque todo conlleva un esfuerzo. Sí, engordar también cuesta (las dietas no son solo para quienes quieren perder kilos de más, pero las personas que han de ganar peso no entran en nuestro concepto de dieta).
Hace veintisiete años fui diagnosticado con alergia a la lactosa, por lo que se recurrió a otras alternativas para garantizar una buena alimentación. Si bien no se puede cambiar el metabolismo de una persona, las actividades y alimentos que se ingieran condicionan la velocidad del metabolismo basal. Generalmente, tenemos un metabolismo lento -otros es que nos llevamos el Caracol de Oro en cuanto a velocidad- y las calorías se almacenan en forma de grasa ya que no se queman las suficientes. Mis padres lo intentaron, de verdad: fútbol, tennis, natación... Sólo disfrutaba en la natación, pero en los demás deportes mi psicomotricidad era equivalente a la de Sloth ("Los Goonies", 1985) y aún así él tenía más que yo.
Entre los cuatro y los diez años, fui sometido a dos dietas para perder peso, pues se me había cebado con papillas y una alimentación innecesariamente más cargada de lo normal, sin contar que mi abuelo trabajaba en una agencia de festejos y catering por lo que tenía acceso a los chocolates, dulces y delicatessen más selectos -el sweet tooth que nombré en mi primera entrada tiene su origen aquí, supongo. Mi pediatra, ahora fallecido, Dr. Luis Seco en su consulta fría dio instrucciones a mi madre, también fallecida, sobre cómo llevar a cabo la dieta de los carbohidratos. Tengo el privilegio de tener recuerdos tempranos y ese es uno de ellos. Bajé de peso, pero con el tiempo, lo recuperé. Tendencias, genética, dejadez... muchas cosas.
La Dra. Josefina Rondón, una nutricionista respetable me sometió a regímenes en los que debía perder de 4 a 6 kilos mensuales (tenía yo unos ocho o diez años) e incluso, entre tanta respetabilidad me sometió a la temida DIETA DE LAS HAMBURGUESAS. ¿Suena apetecible, no? Tres comidas diarias que se basaban en una naranja de desayuno con un vaso de leche, dos hamburguesas sin pan para almorzar y una hamburguesa para cenar sobre un "lecho de lechuga" (eufemismos los justos) y una naranja. Con eso perdí exactamente 1 kilogramo diario. Así en verano del '96 cuando volví a la escuela en septiembre no me reconocía nadie tras haber perdido casi catorce kilos. Buscar un culpable no tiene sentido, esto no va de culpar. Muchos tomamos parte en este viaje y las cosas siempre se pudieron haber hecho mejor, pero bueno, veintisiete años después aquí estoy.
Así empezó mi obesidad: bajando y subiendo de peso desde los tres años de edad.
No se pierdan la próxima entrega de ¿Cómo se hace un obeso? pues hablaré de la nutricionista que me recetó unas pastillas quemagrasa prohibidas en todo el mundo y me recomendó que me hiciera cirugía estética para remover tejido mamario. Hilarante.
Buen lunes para todos.
H.
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Wow!
Hola: ¿Sabes qué pasó con la Doctora JoseFina Rondón, aún vive?. Saludos.